Casa Pilar
Diseño interior
Sant Martí, Barcelona · 2026 · 51m2 · decoración: Francis Rubio · fotografía: Judith Casas
¿Es posible llevar Sevilla a una torre de viviendas de los años 70 en Barcelona? Para la propietaria, este piso es el homenaje a sus dos hogares: la casa de su infancia, y la Ciudad Condal, donde lleva viviendo desde hace más de 10 años.
La vivienda, situada en la torre Andrade, obra del prestigioso estudio Martínez Lapeña-Torres Arquitectos en 1974 se encontraba bien conservada y aunque había sufrido algunas modificaciones, se beneficiaba de la envidiable orientación e iluminación exterior natural en todas sus estancias (excepto el baño) que ofrecía el proyecto original.
La reforma pretendía mejorar las cualidades propias del piso mediante pequeñas actuaciones bien medidas: se mantienen los muebles y revestimientos de la cocina que se encontraban en buen estado, y esta se abre al salón creando una barra que relaciona ambas estancias, ampliando enormemente la percepción del espacio. Con la apertura de la cocina, el pasillo del recibidor se acorta y permite llevar la luz natural prácticamente hasta la entrada.
La habitación más pequeña de las tres de las que constaba la vivienda originalmente se une a la habitación principal, creando un generoso espacio que sirve de dormitorio, vestidor y estudio. El baño, de pequeñas dimensiones, se amplía ligeramente para alojar la lavadora, un gran armario de almacenaje y la bañera. Una ventana interior permite llevar la iluminación natural hasta la zona más oscura de la vivienda.
La materialidad y el color es parte fundamental del proyecto, y aquello que le imprime su personalidad y nos recuerda a los paisajes y detalles propios de Sevilla. El color del albero, la roca presente sobre todo en los suelos de parques y plazas, se lleva a los techos de las zonas intervenidas. El balcón que existía en el proyecto original de 1974 y que fue posteriormente cerrado, se recupera metafóricamente delimitando su huella mediante un pavimento muy similar al de la casa de infancia de la propietaria y una cortina que tamiza la luz exterior. Un pequeño banco revestido con cerámica esmaltada de color azul hace de peana para macetas y evoca a los patios interiores sevillanos. El mismo pavimento se lleva al ámbito de la entrada para marcar un umbral entre el exterior y el interior. De nuevo la cerámica esmaltada, esta vez en color verde, es presente en las superfícies de la cocina y del baño como recuerdo de fuentes y patios andaluces.
El pasillo, acortado al unir dos dormitorios, finaliza con un arco, referencia directa a la fachada de la casa de Sevilla. Dicho arco enmarca una cortina de terciopelo azul que da intimidad a la habitación principal y se inspira en la tradición artística sevillana, centrada en el barroco de su Semana Santa. Y la feliz casualidad quiso que esta, junto al arco, recuerde a las formas de un paso de palio alejándose, una de las indelebles imágenes de infancia de la propietaria. Al final, todo encaja.


